¿Por qué la bicicleta eléctrica no termina de popularizarse?

Se las ha llegado a considerar el medio motorizado de transporte más eficiente y menos contaminante jamás construido. Han bajado de precio, en algunas ciudades se las alquila, en otras se subsidia su adquisición, pero no acaban de popularizarse, ¿por qué?

Una pregunta difícil

Los estudios han demostrado que la perspectiva de llegar al trabajo sudoroso es uno de los impedimentos más grandes para conseguir que la gente cambie sus coches por las bicicletas. Eso es especialmente cierto en ciudades donde los ciclistas pueden enfrentar largas rutas, colinas o calles sin sombra.

Las bicicletas eléctricas podrían ser la solución a este tipo de dificultades, dado que, si bien es posible pedalear cuando apetece, si se necesita un transporte seguro, que no requiera esfuerzos (con la consiguiente sudoración) y sea completamente limpio, es la opción ideal.

La mayor barrera suele ser actitud anticuada con la que se ve a las bicicletas, sólo como una actividad deportiva y/o recreativa en lugar de que se las tome seriamente (como sucede ya en miles de ciudades) como una opción práctica y limpia de transporte.

Las bicicletas electrónicas se han vuelto más accesibles para el consumidor medio, ya es factible encontrarlas casi en cualquier tienda de bicicletas y sus costos han caído a medida que el precio de las baterías de iones de litio ha disminuido. Hoy en día el costo de una buena bicicleta eléctrica es comparable con el de una de montaña de gama alta.

Verdes, muy verdes

En un momento en que las grandes ciudades del mundo entero están luchando por combatir el tráfico y por reducir las emisiones climáticas, las bicicletas eléctricas tienen el potencial de aliviar ambos problemas.

Sin embargo, sus ventas no terminan de despegar ni en EEUU, ni en las grandes capitales europeas, con la excepción de algunos países como Holanda y Bélgica y las naciones escandinavas, muchas de las cuales subvencionan sus compras.

Algunos países de Europa occidental registran un crecimiento anual de dos dígitos en las ventas de bicicletas eléctricas y el año pasado las ventas de este tipo de vehículos, sobrepasaron los 1,6 millones de unidades.

En China, mientras tanto, la producción de bicicletas eléctricas creció de manera exponencial desde 2002 hasta el presente y lo mismo está sucediendo con los países de la región del sudeste asiático que se decantan por ellas a la hora de pasear, ir a trabajar o a hacer recados y compras.

Problemas legislativos

Muchas de las barreras para la adopción de las bicicletas eléctricas son legislativas. Las leyes las suelen igualar más a los ciclomotores que a las bicicletas tradicionales, por lo que les prohíben el tránsito tanto por carriles bici como por lugares con gran tránsito de público, como son las calles peatonales.

Un ejemplo de apertura en este ámbito es el estado de California donde una nueva legislación fue aprobada el año pasado para fomentar el uso de la bicicleta electrónica, diferenciándolas legalmente de los ciclomotores.

En un intento de evitar las preocupaciones de los transeúntes en cuanto a la posibilidad de que las máquinas turboalimentadas los adelantaran por las aceras y carriles bici a velocidades inseguras, la ley las clasifica en diferentes niveles y restringen su circulación solo a las que superan los 32 km/h de velocidad.

Entonces: ¿por qué no?

Si no hay un cambio real de mentalidad la bicicleta eléctrica seguirá luchando en condiciones desiguales. Madrid y Baltimore han puesto este tipo de vehículos a disposición de sus ciudadanos y de los turistas, que pueden alquilarlas y el plan ha dado muy buenos resultados.

Como ya hemos mencionado hay muchas ciudades como Oslo y una buena cantidad en India, China y el sudeste asiático, que dan ayudas específicas para adquirir este tipo de bicicletas, ya sea porque sus calles son empinadas, los trayectos son muy largos o el clima es demasiado caluroso.

Pero el inconveniente principal para la adopción generalizada de las bicicletas eléctricas parece el más fácil de remediar: la aceptación cultural de las mismas por parte de dos grupos que desde hace tiempo las miran con desconfianza: algunos ciclistas y muchos automovilistas.

Estos ciclistas tienden a pensar que el impulso de un motor eléctrico es hacer trampa. Los automovilistas no llegan a convencerse de que sean seguras y las incluyen en el mismo “paquete” que a las demás: en el de “objetos peligrosos en ruta”. Y este problema se combate de una forma muy sencilla: con educación, respeto y conocimiento.