El dopaje tecnológico: la nueva lacra de las competiciones

Massa Crítica

El mundo del ciclismo sufrió una fuerte sacudida cuando se comprobó que el vehículo de una piloto belga sub-23, que competía en el Campeonato Mundial de ciclocross en Zolder, en realidad poseía un motor eléctrico.

El dopaje tecnológico o motorizado, como también se le conoce, fue durante años un simple rumor, pero el descubrimiento de un motor en la bicicleta de la corredora belga Femke Van den Driessche da una base cierta para algo que hasta el momento era un secreto a voces.

¿Cómo se hace? ¿Por qué los pilotos lo hacen? ¿Cómo detenerlo? Estas son las preguntas que la gente se hace y que esperamos responder en este artículo

¿Cómo se hace?

Suena fácil de hacer y difícil de detectar ya que poner un motor en una bicicleta no parece ser una ciencia exacta.

En términos simples, todo lo que hay que hacer es deslizar un pequeño motor en el tubo del sillín que acaba por alimentar a los pedales y esencialmente éstos se limitarán a dar la vuelta por su cuenta.

Es obvio que el motor requerirá un paquete de baterías, estas también pueden ser almacenadas en el tubo del asiento y con más razón si posees una bicicleta con un tubo de al menos 30.9 mm de diámetro, donde es muy factible disfrazar estos elementos y que pasen desapercibidos para los compañeros competidores y las miradas indiscretas de la UCI.

Si se ha configurado correctamente, el motor se puede arrancar y detener simplemente pulsando un discreto botón, con lo cual se contará con un impulso extra, en el momento en el que más se lo necesite.

¿Por qué se hace?

Porque ganar carreras de bicicletas a menudo se reduce a hacer un movimiento en un momento decisivo, uno que sólo puede durar dos o tres segundos o un esfuerzo puntual.

Imagínate que estás corriendo el Tour de Francia y tratando de ascender por la ladera de una de las montañas durante un tiempo que puede hacérsete infinito y extremadamente doloroso.

Quien tiene un motor en su bicicleta podría obtener de ello un respiro de unos minutos, dejándole un poco más fresco y descansado que sus oponentes cuando le sea necesario.

En una carrera como la París-Roubaix, un ataque cuando sus oponentes forcejean con sus adoloridos músculos podría ser la diferencia entre conseguir un maillot o quedarse entre el pelotón de los eternos “segundos”.

Tener asistencia en los pedales también podría dar el impulso adicional que necesita un corredor para distanciarse de su rival más cercano, sin tener que dejarse las piernas en ello.

¿Cómo puede detenerse esto?

Con el dinero, la reputación y el patrocinio de las diferentes empresas con que cuentan estas carreras, los ciclistas profesionales y los equipos siempre están buscando formas de ganarlas, pero este tipo de estratagemas debe acabarse.

La única forma de lograrlo es que los controles deben ser más exhaustivos aún. Si se combate el dopping por sustancias, de la misma forma deberían tomarse medidas encaminadas a terminar con  esta lacra y a cortarle los vuelos a los tramposos.

De hecho, tras la comprobación de la existencia del motor en su bicicleta, la piloto involucrada tuvo que reconocer que había cometido dopaje tecnológico y que era consciente que este incidente daba por finalizada su carrera profesional.